Van y vienen

miércoles, 2 de enero de 2013

TIEMPO DE NAVIDAD

Llevo mucho tiempo sin meter nada en el blog. Varios meses en los que, entre otras cosas, he paseado por las calles de Alamillo, y me he reencontrado con viejos amigos a los que hacía cerca de cincuenta años que no veía.
Intento pues, retomar el hilo, encontrar el camino que he perdido mientras me dedicaba a vivir durante este pasado verano e invierno.
Lo he pasado francamente bien durante los días que he pasado en el pueblo.
He recorrido durante este verano los antiguos rincones donde me crié. El mismo sitió donde nací, que no fue otro que El Rinconcillo, en la plaza de San Isidro.
Cada mañana me he echado a andar hasta El Hoyo por la carretera de San Benito, y me han ido viniendo a la memoria multitud de recuerdos de mi infancia y juventud.  Me asaltaban las imágenes de los lugares tal y como se han quedado grabados en mi mente:

La Cañaílla
El arroyo con sus pasaderas
La fuente de El Portugal
La Milagra
La Periquina
El Calerín de Faustinito
La Tejera
El Puerto de los Molinos...

...en fin, tantos sitios...



Me ocurre con estos parajes, que no puedo decirlos todos, como me ocurrió cuando intenté escribir  los apodos o motes de los que me acordaba. Me apuntaba el Chavao, con toda justcia, que se me había olvidado el suyo, y mira por dónde, casualmente con un nieto de esta estirpe he estado haciendo varios días la vaca este agosto: con Enrique.
Y es que me tengo por gozar de buena memoria pero ya van siendo cincuentas los años que voy faltando del pueblo.
Marché en el de 1960, así que bastante mérito voy teniendo con rebuscar y hacer trabajo de minería con todo lo que aquí voy fijando.
Me acuerdo por ejemplo, cómo no, de todos los oficios que allí fui teniendo:
he arrancado encinas
he hecho carbón
he arado y sembrado
he tirado abono
he segado
he sacado la mies con el carro
he trillado, alventado y envasado el grano
y he llevado el trigo hasta el pueblo desde Gómez Ibáñez, que está a la distancia de una maratón del pueblo.
también he cogido aceitunas
he vareado bellotas y las he recogido del suelo
y por supuesto también trabajé en la carretera de Alcudia cuando se hizo.
También guardé guarros, ovejas, cabras y pavos.
En fin, todo un currículum.



Ahora que acaban de pasar las navidades, quiero rescatar aquellos tiempos en los que íbamos por las calles cantando villancicos mientras pedíamos el aguinaldo. De paso, todo hay que decirlo, se arramblaba con lo que se ponía por delante.
Recuerdo que una vez estábamos en casa de mi pariente Tresycuatro, al que entre villancico y villancico le disimulé dos morcillas. Él, que se dio cuenta, salió a por mí "niño, a ver qué es lo que has cogido", pero yo ya estaba limpio y aseado, que se las había pasado a otro.
Al igual que en la casa de Los Treneros, donde desaparecimos una libra de chocolate entre cante y canto.
Y así iban siendo las cosas, siempre haciendo alguna que otra putada.
 Me acuerdo por ejemplo, en las eras, una noche, en la que no sé a quién le pinté, mientras dormía, un bigote con sebo de carro. Y mientras lo estaba ejecutando, pasé gran miedo, no fuera que se despertase y me sacudiera con la horca que el fulano guardaba al lado para tales menesteres. Aunque fue que no se coscó de nada.
Era el tiempo de la juventud, de la locura irreflexiva.
Pero ya somos unos viejos. Ahí son nada mis setenta y dos años, que no son paja. Y cuántos buenos se han ido quedando en el camino.


lunes, 9 de julio de 2012

ECHADOS AL MONTE




Así vivían por aquellos años de cuando yo era niño unos cuantos guerrilleros que se resistían a admitir el desenlace de la contienda. Más que guerrear, ya era un tiempo de resistir y hasta de sobrevivir a las malas condiciones de mantenerse en el monte. La gente de bien los temía porque llegaban a los chozos de los carboneros, y más que pedir, lo que hacían era arramblar con todo lo que pillaban. No nos dábamos cuenta de que más que peligrosos malhechores no eran sino  parias, derrotados, mendigos de justicia.
Había uno que era natural de nuestro pueblo. Muy famoso por tanto por nuestros lares. El célebre Cazalla. Se suponía que lideraba un gran grupo, y que llevaba el sobrenombre de Capitán Lechuga.

De lo que me acuerdo es de que aquel año se formó una contra-partida para darles captura, que  eran en realidad guardias civiles vestidos como serranos. Iban en número parecido al de los maquis de la sierra, y por supuesto armados hasta los dientes. Y resultó que me los tuve que encontrar yo, para llevarme entre las jaras y las encinas uno de los mayores sustos de mi vida. Me recuerdo corriendo como un gamo entre los brezos creyendo que huía del sanguinario Capitán Lechuga.
Una noche fueron a la casilla de mi tío Lancherillo, y donde Luciano El Búho para llevarse sin pedir permiso todo lo que pudieron.
A partir de entonces ya no se volvió a oír ni a saber de ellos. Se comentaba que los habían matado en la frontera con Portugal.


jueves, 5 de julio de 2012

Pídola




Pasó que una tarde, siendo yo muy chico aunque me acuerde como si hoy fuera, que estábamos varios críos jugando a la pídola. Eramos mi hermano Cándido "Candilejas", mi primo el Grillo, "Tirillas", Pepe el de Gundemaro y algunos cuantos más de los que no me acuerdo tanto.
Candilejas estaba de "burro" y el que había de saltar era "Tirillas". La industria del juego obligaba al saltador a hacerlo limpiamente, sin rozar con los pies, ni la cabeza ni el culo del "burro". Tal falta era denominada "lique". Y el "lique" estaba prohibido, y significaba que se trocaban las tornas: el batracio se convertía en burro, mientras que el liqueado promocionaba a rana.
Pues fue que saltó "Tirilla" y cometió la falta, resistiéndose sin embargo a cumplir la regla como era justo y cabal. Se armó la gorda. Se liaron a darse una buena tunda. Dos gallos de pelea. Dos escorpiones acorralados. Aun siendo "Tirilla" más recio, más fuerte y llevar las de ganar, mi hermano no se arredró dándole su buen trabajo al favorito.
Los separó el hermano Ildefonso. Los que sean de mi edad ya saben de quién estoy hablando.
Candilejas se levantó , y asiendo del suelo una piedra plana la mandó a clavarse a la frente del tonto y chulo de Tirilla. La sangre que manó sólo es de verse en las matanzas del guarro.
Y allá que se fue para su casa dejando un cruento reguero a su paso. A la casa de su padre "El Chato de Lapicero". A la casa de su madre "María la de Machuca"
Y cómo no! Esta María acabó bajando hacia la mía hecha un basilisco, con aires de comerse a mi hermano con patatas, aunque es de suponer que la ira no le dejara pensárselo ni un poco, porque de haberlo hecho   ahorrado hubiérase el camino.
Porque en la puerta  esperándola estaba mi abuela Ambrosia, hermana de los Manolones, y con más huevos que el caballo de David.
Vamos María, si tienes cojones pasa para dentro. Eso se ha dicho siempre en mi casa que le espetó mi abuela atravesada en el quicio de la puerta a la Machuca. Quien, recogiéndose el rabo entre las piernas como un perrillo chico, se retiró a mejor restañar la herida de su hijo, acaso sin mirar ni atrás. Y aquí no pasó nada.

jueves, 12 de abril de 2012

De los mayores

Por qué será que me asaltan tantos recuerdos ahora que me hago viejo. Mañana, trece de abril, cumplo ya 72 años. Y parece que me acuerdo antes de lo que me ocurrió de chico que de lo que hice antes de ayer. Siempre me he llevado bien con la gente mayor, he sabido apreciarlos y entenderme con ellos. Por ejemplo recuerdo de cuando me iba a segar con Julián, el de Inocente. Ese hombre era fabuloso. Siempre que he vuelto al pueblo por vacaciones buscaba echarme el rato con él. También charlar con el abuelo Chinche era una gloria. Es grande la amistad de un hombre vivido y sensato, como a mí me gustaría llegar a ser cuando me vaya haciendo mayor.


martes, 20 de marzo de 2012

De melones




Una noche, después de salir del cine, nos juntamos Paco -el de Juanjosé- (del que por cierto, yo era primo segundo), Antonio -el hermano de mi novia, y que luego se convertiría en mi cuñado-, Sixto -el de Honorio-, Carbonilla.y yo, y nos fuimos a melones.
El padre de Sixto tenía un plantío de ellos en La Periquina y allá que nos fuimos. Nada más llegar, aquel hijo cogió el chozo que tenía su padre para guardar el terreno a la sombra o por las noches, y lo echó a rodar cuesta abajo, que si adentro hubiese estado el viejo, con él se hubiera desnucado en una de aquellas vueltas que iba dando.
Amanecer amanecimos (gracias a mi cuñado y a su llave) ni más ni menos que en la casa de mis suegros, que tenían una carga importante de melones gorrineros, de los que no dejamos ni uno sano.

FRANCISCO ESTRELLA RUFO







El buen hombre que fue mi suegro me iba másqueriendo ya por aquel tiempo. Y yo que se lo ponía fácil, pues me desvivía por facilitar mi presencia en aquella casa. Recuerdo una vez que se dio con una espiga en un ojo y tuvo que ir hasta Ciudad Real para hacérselo mirar. La noche antes de irse, va y me dice: "mañana me siegas un centeno que tengo allí arriba en la Sierra, pero escucha lo que te digo, no me hagas los "haces" muy grandes". Y mira que me lo dijo, y que me lo dijo claro, pero yo no sé cómo cogí el recado cambiado, y le hice los "haces" como caballos de enormes.

Y qué bronca que me gané. Supongo que por mi equívoco y por el dolor que llevara en el ojo. No llegó sin embargo la sangre al río.
Otro día de aquellos en los que nos íbamos haciendo cada vez mejores las migas, me pidió que le acompañara a segar. Y allí pude comprobar cómo a pesar de la edad que se gastaba, aquel hombre que iba a ser mi suegro segaba como una máquina de las de ahora.


jueves, 15 de marzo de 2012

Retazos del tiempo



En las fiestas de San Antonio con nuestras mejores galas. Aquí estamos: Arriba: Jaime, Calixto el Zapatero, El Negro de Medio Litro  y yo mismo.
Agachados: Vicente El Barrigoncho, Jerónimo, Balbino, y  Tosi el de Carcunda.
Nos encontramos a la altura de la zapatería de Chocolate, en la calle Mayor.


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martes, 13 de marzo de 2012

Quieren decir que tenía el sobrenombre de Quijada...

Y por qué no estrujarme el cerebro e intentar hacer un inventario de todos los motes/sobrenombres con los que nos conocíamos en nuestro pueblo.
Algo tan nuestro, tan rural, tan antropológico...
Vamos a ello. No están todos los que son, seguramente, pero doy fe de que los que están, son.



Dabona, Canelilla, Mendaro ,

Vuelcaollas,Perrete, Quirico, Candilejas,

Pisto, Berrugo, Cinco Duros, Cuchillas,

Cuchara,Chato, Lapicero, Matute, Chinche, Chambras,

Tamborcillo, Cacharrito, Pulga, Botijo,

Erizo, Nene, Perro, Pituto,

Borrega, Pelele, Gato, Pilrraca,

Tortas, Caballo, Rata, Piruchi,

Cartolas, Oreja de Parra, Lobo, Guarrillo,

Pan Mojao, Moña, Mochueo, Mono,

Boca Pintá, Porrenes, Buey, Cagarruta,

Coriana, MediÁguila, Mocoso, Carrasquillo,

Cagón, Saltitos, Boquique, Porreto,

Zorra, Capricho, Cigarrilla, Rana,

Tolové, Adobe, Conejo, Ojo Perra,

CagaTinta, Botijo, Chiva, Cobrín,

Caradura, Culebra, Gallo, Botella,

Tirilla, Tres Pechos, Reina, Medio Litro,

Rompe Hielos, Relleno, Mosca, Minuto,

Potrita, Asusta, Traga Moscas, PaiPai,

Tolín, Carcunda, Grillo, Manolones,

Plato Fino, Chambrón, Camilos, Chorreandito,

Cadenas, Chocolate, Dos Gorras, Tío los Peros,

Calva,


Bueno, si alguien me fuera diciendo alguno que falta, prometo ir añadiéndolos. Todos de realengo, con escudo de armas y blasón con lema. Así, al tuntún, sin orden alfabético, ni clasificado por animales, o aperos, o instrumentos o... sólo según me venía a la mente. Gentes de mi pueblo.


domingo, 4 de marzo de 2012

Benemérita

La Sastra se casó con Farruco, y la cencerrada que le dieron fue espectacular. Toda la noche atronándolos, así que de vez en cuando, y por clarear la calle de cafres, salía La Sastra con una palangana de agua que más que aplacar la chanza, la arreciaba, Entre el público cencerreador destacaba un cabo de transmisiones de la Guardia Civil, que asiendo el enorme cencerro que portaba, nos pedía a los niños que nos meáramos en él. Así que una de las veces que la pobre mujer se asomó con su inocente carga, se llevó un vergonzante chaparrón de orines.
El otro cabo que había era el jefe del puesto, y era más malo que un demonio. Más de un mozo ha dormido caliente por obra y gracia del Cabo Basilio.
Se contaba que una vez, unos cuantos chavales entraron en el huerto de Enrique, el del Chavao, rompiendo casi todas las ramas de los árboles. Pero el Cabo Basilio los pilló, y como eran menores no les podían tocar un pelo. Asi que se las ingenió con toda la industria de la que fue capaz.. Los metieron al cuartel, y los pusieron por parejas, e hicieron que -vete a saber cómo- se pegaran entre ellos. Parece ser que se dieron de ostias por un tubo. Así que salieron del cuartel moraítos perdíos sin que los números les hubieran puesto la mano encima.


viernes, 2 de marzo de 2012

Salvajadas

Un buen día de verano, de esos en los que se dice que el sol es de justicia, vimos la cuadrilla a un abuelete que se puso a cagar en el estercolero que estaba al lado de Las Cartolas, en Los Quiñones. Aquello estaba plagado de pulgas, y el buen hombre se fue con más de lo que dejó. Parecía que fuera volando de los bichos que llevaba en el cuerpo y en la ropa. Se puso el pobre a aliviarse de ellos, pero mataba uno y yo creo que le entraban otros mil. Nosotros, que no teníamos idea buena, no se nos ocurrió otra salvajada que arrojarle todas las piedras que pudimos. Ý allí lo dejamos jurando en hebreo y prometiendo vengarse. Cosa que hizo el granuja, porque logró reconocernos y dar cuenta a los padres de algunos de nosotros. En cuanto llegué a mi casa, mi madre, que ya estaba enterada por el viejo vengativo, me administró tal caída de palos que como veis aún me acuerdo de ellos.
Y como esa, muchas más, aun no siendo yo de los peores cuando chico. Aunque quizás era yo como aquel Mendaro del que se decía "eres como Mendaro, que calladito jode".
En aquel tiempo poco amor se le tenía a los animales, pues eran como aperos que utilizábamos en las tareas, a no ser algún perrillo al que se le acababa por tener afecto.
Recuerdo que en Gómez Ibáñez teníamos una a la que queríamos mucho. Empezó a rondarla un macho del que no éramos capaces de deshacernos. Así que un día  en el que por fin le echó Cándido el guante, ahí acudí yo con un mechero recién cargado de gasolina. Con ella le untamos el culo ayudados de un algodón.  Luego le atamos un palo a los riñones. Todo dispuesto para que una punta del palo fuera más larga que la otra. En cuanto le hizo efecto la gasolina, se puso a correr el bicho como un endemoniado, y cada vez que la punta corta del palo se clavaba  en el barbecho, iba la larga cogiendo fuerza para darle luego un estacazo en los lomos. No lo vimos más.
Salvajes.
En fin, de esas había muchas, ya digo.
Como echar un deshaumerio. Recuerdo que pusieron uno en el Casino de Macario, y se montó la de diosescristo. Allí es donde iban los señoritos, el médico, el practicante, Aureliano, Luisito, Jaime, Don
Eladio...en fin, la gente de copete. Que los pobres no tenían sino El Salón de Vicentito y La Elisa. Ya se sabe, a echar unos billares, o la partidita al tute.